Enseñar en la era de la IA: más allá del uso, el reto de comprenderla

Por
Pablo Rivera-Vargas, Carles Lindín y Mercedes Blanco (UB Team)

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Investigar el impacto de la inteligencia artificial en la educación plantea un problema poco visible: ¿cómo analizar prácticas y dilemas éticos que quienes los viven no siempre pueden identificar o nombrar?

En muchos casos, estudiantes y docentes utilizan tecnologías digitales de forma cotidiana, pero sin marcos claros para comprender sus implicaciones. Esto limita no sólo la práctica educativa, sino también la capacidad de investigarla críticamente.

En este contexto, las Awareness Raising Sessions (ARS) que hemos desarrollado a lo largo del proyecto se convierten en una herramienta clave: introducen un proceso de sensibilización previo que permite a docentes y estudiantes reconocer, nombrar y reflexionar sobre prácticas y dilemas que, de otro modo, pasarían desapercibidos.

Más que percepciones: una tensión
estructural compartida

En el caso de las sesiones desarrolladas en la Universitat de Barcelona en el marco del proyecto ETH-TECH, las experiencias recogidas con profesorado y alumnado permiten ir más allá de las percepciones individuales y evidencian una tensión estructural que atraviesa todo el sistema educativo.

El profesorado muestra una clara conciencia sobre la importancia de la ética en la IA, pero encuentra dificultades para integrarse en la práctica. Esta limitación no es únicamente individual sino que responde a condiciones estructurales como la dependencia de plataformas digitales, la falta de transparencia en los sistemas utilizados o la escasa formación específica.

El alumnado, por su parte, convive cotidianamente con estas tecnologías, pero sin marcos claros de interpretación. Utiliza herramientas de IA en contextos académicos marcados por la ambigüedad: sin saber con certeza qué está permitido, cómo funcionan los sistemas o qué implicaciones tiene su uso.

Lo relevante aquí no es solo lo que hacen unos y otros, sino lo que comparten: una práctica educativa cada vez más mediada por tecnologías que no se comprenden plenamente.

La paradoja: criticar sistemas de los que
dependemos

Uno de los elementos más significativos que emergen de estas experiencias es una paradoja difícil de eludir.

Por un lado, existe una creciente conciencia crítica sobre los efectos de la digitalización y la inteligencia artificial: opacidad algorítmica, extracción de datos, dependencia de infraestructuras corporativas o desigualdades en el acceso. Por otro lado, tanto docentes como estudiantes, y también quienes investigamos estos procesos, dependemos de esas mismas tecnologías para enseñar, aprender e investigar.

Esto plantea un dilema que no es individual, sino estructural: ¿cómo desarrollar una práctica crítica cuando esta se sostiene sobre sistemas que reproducen las dinámicas que se cuestionan?

El valor de las ARS: cuando la
investigación necesita comprensión previa

En este contexto, las Awareness Raising Sessions aportan un elemento diferencial clave.

A menudo, en investigación educativa, nos enfrentamos a un problema poco explicitado: las personas a las que investigamos no siempre disponen de los marcos conceptuales necesarios para interpretar críticamente sus propias prácticas.

Sin esa base, muchas experiencias quedan naturalizadas, fragmentadas o difíciles de problematizar.

Las ARS responden precisamente a este reto.  Al introducir primero un proceso de sensibilización, marcos éticos, conceptos clave, dilemas concretos, permiten que la reflexión posterior sea más consciente, articulada y crítica.

Por eso, no son solo un espacio formativo, sino también un dispositivo metodológico: hacen posible investigar fenómenos complejos desde una comprensión situada y compartida.

De la conciencia a la acción

Las sesiones muestran con claridad una brecha:

  • Existe conciencia sobre los desafíos éticos de la IA, pero dificultades reales para traducirla en práctica educativa.
  • El profesorado identifica límites en la integración de principios como la transparencia o la responsabilidad en sus asignaturas.
  • El alumnado, por su parte, demanda orientación, criterios claros y espacios de discusión para poder actuar de forma informada.

Al mismo tiempo, emergen dimensiones que amplían el debate: el impacto emocional de la tecnología, la sensación de vigilancia o sus consecuencias sociales y medioambientales.

Repensar la formación docente en la era digital

Estos resultados apuntan a una necesidad clara: la ética no puede ser un contenido añadido, sino una dimensión transversal de la formación docente.

Esto implica ir más allá del uso instrumental de la tecnología y avanzar hacia una formación que permita:

  • comprender sus lógicas,
  • cuestionar sus implicaciones,
  • y tomar decisiones pedagógicas informadas.

En un contexto de creciente digitalización, formar docentes críticos no es solo una opción, sino una condición para una educación más justa y consciente.

¿Y ahora qué?

La inteligencia artificial ya está aquí. La cuestión no es si utilizarla, sino cómo situarnos frente a ella.

Pero quizás la pregunta más importante sea otra:

¿Queremos docentes que usen tecnología… o docentes capaces de entenderla, cuestionarla y decidir sobre ella?

¿Qué opinas? ¿Qué lugar debería ocupar la ética de la IA en la formación docente?


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